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¿Por qué una embajada en Jerusalén desata descontento?

Un repaso histórico sobre las disputas acerca de Jerusalén oriental refleja lo siguiente, el 28 de mayo de 1948 las fuerzas árabes expulsaron a las poblaciones judías de la zona oriental de la ciudad y destruyó gran parte de los bienes judíos, entre estos, sinagogas y cementerios. Durante 19 años que tardó el sitio de Transjordania sobre el lugar no se permitió a los israelíes de ninguna religión ingresar en esa parte de la ciudad santa.

En 1950, basado en el proyecto de la Gran Siria bajo la cual se anexaban los territorios de Jerusalén Oriental, Judea y Samaria otorgando de este modo ciudadanía transjordana a los ciudadanos de dichos territorios. Anexión que fue reconocida formalmente por el Reino Unido y Pakistán, el 27 de julio de 1953, rey Hussein de Jordania anunció que Jerusalén Este era “la capital alternativa del Reino Hachemita” y que forma “parte integral e inseparable” de Jordania, en 1960 declararía a Jerusalén Oriental la segunda capital de su reino.

Esta soberanía jordana se perdería durante la Guerra de los 6 días de Junio de 1967, entrando como “territorio en disputa” a través de la Resolución 242 de ese mismo año que habla de retornar hasta territorios seguros anteriores al conflicto armado, siempre y cuando haya fronteras seguras y defendibles, que es un aspecto que muchas ocasiones omiten algunos analistas.

Según la Resolución 446 (año 1979) se indica que la creación de asentamientos en las zonas árabes ocupadas es ilegal y no se debe buscar modificar la composición demográfica, jurídica, y geográfica de la zona, incluyendo Jerusalén. No se habla de una soberanía sino de una norma que pretende conservar el “statu quo” de la ciudad.

En la Resolución 478 (año 1980) se opone a la “Ley de Jerusalén” dictada por el gobierno israelí que declara dicha ciudad como la Capital Única e indivisible de Israel. Reivindica que no debe haber ningún cambio que altere eventuales acuerdos que los lleve a regresar a las líneas del armisticio de 1949.

Imperativo recordar que en julio de 1988 el Reino Hachemita de Jordania, renuncia a las pretensiones sobre los territorios perdidos durante la guerra de 1967 y no tiene desde entonces ninguna soberanía sobre los mismos salvo la administración por parte del Waqf (fundación islámica) sobre el Noble Santuario (Haram Al Sharif) donde se encuentra el Domo de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa, acordados entre el gobierno israelí y Jordania para que sean los garantes de la seguridad de esos lugares sagrados del Islam en coordinación con Israel.

Posteriormente queda en los Acuerdos de Oslo de 1993 aplazar la decisión acerca del estatus permanente de Jerusalén como uno de los elementos a solucionarse de último en el conflicto entre ambos gobiernos.

Es durante las cumbres de Camp David del 2000 y de Taba en el 2001 que se pone sobre el tapete la posibilidad de que Jerusalén Oriental se convierta en la eventual capital de un Estado palestino, debatido entre si se trataba solo del poblado árabe de Abu Dis o como lo indicó Shlomo Ben Ami se trataría de otorgar a los palestinos una soberanía y capitalidad completas en los sectores árabes de Jerusalén Este y una administración coordinada de los lugares sagrados entre ambos gobiernos. Un elemento en que coincide la mayoría es que la propuesta falló por la intransigencia y negativa del líder palestino Yasser Arafat.

Finalmente, se aprobó la Resolución 2334 (en el año 2016) que sería una especie de réplica en cierto modo de la resolución 478. De cualquier manera, la discusión acerca de la capitanía palestina sobre Jerusalén del Este es como en otros casos, un tema reciente, heredado de la renuncia árabe sobre la autonomía de los territorios que reclaman desde la Guerra de los 6 Días, ya que según el texto de la Convención firmada entre israelíes y egipcios en febrero de 1949 estas líneas “no debe ser considerada de ningún modo como una frontera política o territorial; está marcada sin perjuicio de los derechos, reivindicaciones y posturas de ambas partes en el momento del armisticio en cuanto se refiere al arreglo definitivo de la cuestión palestina.”

Por lo tanto se retorna al debate original entre “tierras disputadas”, “territorios ocupados” y “territorios anexados”, abordado en otra ocasión https://goo.gl/wcicnu.

En el artículo que circuló el domingo 3 de diciembre en el New York Times donde de nuevo su protagonista es el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman, se replantea la posibilidad que el territorio de Abu Dis se transforme eventualmente en la capital de un Estado Palestino, que reciban territorios no continuos de Cisjordania, así como la soberanía sobre la Franja de Gaza y poner sello al tema de los refugiados. Un tema que ya ha generado posiciones en contra, y una negativa del gobierno estadounidense de revelar que esto sea parte de sus políticas.

Según el rotativo neoyorquino el cambio de la política de Bin Salman iría complementado con la inyección de un fuerte capital de desarrollo para las zonas palestinas, para de esta manera poner fin al conflicto que en mayo del próximo año cumplirá ya 70 años, aunque también la idea habría sido negada por su hermano y embajador en Estados Unidos, Khalid Bin Salman ya que el reino estaría comprometido con la hoja de ruta planteada en el 2002.

Una decisión arriesgada

La decisión del presidente Donald Trump de consolidar lo que una ley de 1995 aseguraba “Jerusalén debe ser reconocida como la capital del Estado de Israel; y la Embajada estadounidense en Israel deberá establecerse en Jerusalén no más tarde del 31 de mayo de 1999”, una medida que podía ser aplazada cada 6 meses por los gobiernos estadounidenses. Hubo promesas del presidente Clinton, Bush y Obama de cumplir con esta medida, lo cual fue finalmente aplazado, el presidente Trump durante su campaña se comprometió a hacer lo mismo y finalmente esta semana tomó la decisión de ejecutar la promesa, lo cual ha generado posiciones en contra.

Los riesgos sobre el movimiento son por un tema mediático más que de un cambio real, durante más de 50 años Jerusalem completa ha sido la capital de Israel, y se ha asegurado el acceso de todas las religiones a los lugares sagrados, esto no va a cambiar pese a las decisiones políticas que tomen algunas partes. Por otro lado, una de las posiciones del presidente Trump al respecto es que esta decisión unilateral obedece a una respuesta práctica a otras medidas unilaterales que han desviado la necesidad de las partes a sentarse a negociar, por ejemplo la decisión de Palestina de buscar reconocimiento como Estado en el 2012 o las decisiones de UNESCO de restarle importancia a la historia judía sobre la ciudad de Jerusalem, el movimiento del presidente estadounidense va encaminado a presionar a los liderazgos palestinos los cuales están desgastados.

Finalmente, Rusia y República Checa han hecho en algún momento un reconocimiento de la capitalidad de Jerusalem (Occidental) para Israel, lo cual no ha generado revuelos. Sin embargo es evidente que una acción realizada por el presidente del país más poderoso del mundo genera una serie de manifestaciones motivadas por ánimos exacerbados provenientes de visiones políticas – religiosas radicales y la manifestación realizada por Trump genera más dramatismo porque ya de todos modos cualquier acción que venga del presidente estadounidense genera anticuerpos.

Recuerden visitar Peripecia Mundial para saber más sobre este y muchos otros temas.

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