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El animal político que llevamos dentro

Cerca de las elecciones para escoger el próximo presidente de Costa Rica, va abriéndose un espacio a la duda, que poco a poco a muchos nos preocupa.

Por un lado los indecisos, según las últimas encuestas están a un 37%, lo cual indica la apatía o secretismo del costarricense respecto a los partidos políticos y sus representantes.

Otro punto álgido es que el candidato Fabricio Alvarado que va encabezando las encuestas con 17%, el cual es un bífido personaje que se cuelga de sus prejuicios de corte religioso y su continuo mensaje de rescate a la familia, mensajes que son su caballo de batalla para ir escalando entre una opinión pública, con la cual su única afinidad con el ultraconservador evangélico, es la oposición al matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo.

Otro que tiene el poco fervor de los costarricenses es Álvarez Desanti del PLN, que desde hace tiempo busca la presidencia, que se contradice entre su forma de actuar del pasado y el presente, además que trata de sacar a flote a una agrupación política que en sus últimos gobiernos se dieron escándalos de corrupción que superan al hoy llamado “Cementazo”

Solo estos dos candidatos, si llegaran a la segunda ronda, carecen de la empatía del costarricense y una gran mayoría siente hasta desprecio por estos dos; uno por ser una fanático religioso sin un plan claro para gobernar y el otro por ser un candidato sin una conexión real con las personas, venido de un continuo vaivén entre ideas y poca claridad en su exposición de cómo realizar un buen trabajo para rescatar al país.

Los demás miembros del Hábitat Electoral.

Pero el caldeo no solo se mira en el redil de estos dos cabezas en las encuestas, ya que este último debate realizado por Repretel, puso en evidencia, no solo a Rodolfo Piza, como una persona que se enfurece rápidamente — ¿esto le resto votos?, esa imagen de papá bravo es algo que quizás le guste a unos y otros no, el PUSC tiene un buen equipo de trabajo, puede que se logre colocar en segunda ronda.

Vemos a Carlos Alvarado que llega como candidato en el momento más duro y crucial para el PAC, y le ha tocado soportar las balas opositoras (algo a lo que ya están acostumbrados el PLN y el PUSC). Pero al contrario de Luis Guillermo Solís, que su mayor error en mi opinión fue adolecer de un liderazgo más fuerte y de colocar a los amigos sin ideología PAC en puestos claves; Alvarado viene de la vena pura del partido formado por Ottón Solís, quien le ha dado su bendición, lo que da seguridad ética al votante; Juan Diego Castro lo dijo claro, representa a otro partido, el PAC ideológico que fundo Ottón Solis, y  representa a nueva generación de políticos jóvenes. Además las críticas recibidas durante los debates en los que participo, no fueron a su persona, pues los mismos candidatos le elogian, lo que carga el candidato son esos pecados a la vista de este gobierno. Pero el tema del PAC lo extenderé en otro artículo.

Juan Diego Castro es todo un litigante, un abogado con espuela, pero sus continuos ataques a Desanti, se le convirtieron en una especie de mantra, además de sus seguidas “metidas de pata”, para definirlo popularmente; mismas que tenía que aclarar o retractarse luego, eso es lo que le ha restado puntos. Aunque debo admitir que en algo tiene razón, y es que para salvar al país se deben tener a los mejores resolviendo los problemas, independientemente de cuál partido provengan.

El  Dr. Hernández, realmente es poco lo que logro en debates. Se mira que es una persona muy conservadora, que le ha costado gesticularse bien en su discurso. Su visión de país no es clara cuando habla, se va mucho por la tangente cuando se le pide que explique su plan país. Pero su esfuerzo con suerte puede mirarse recompensado con dos o tres diputados en la Asamblea Legislativa.

Los miembros invisibilizados.

En cuanto a los otros candidatos, pues recuerden que en el corral son trece los candidatos no los seis que miramos en los debates. Primero tenemos Edgardo Araya del Frente Amplio, es una buena ficha en lo ecológico, solo eso puedo decir.

John Vega del Partido de los Trabajadores, es claro y conciso, pero con ideas de los años ochenta, Sergio Mena de Nueva Generación, en su segundo intento no se le miro brillar mucho, estos tres junto a Alvarado del PAC vienen a mostrarnos que el cambio generacional de políticos ha llegado.

Ottón Guevara junto a su Partido Libertario, el cual prácticamente ha desaparecido del panorama, posee  los números más bajos en las encuestas, sumado los muchos escándalos a cuestas y una deserción de seguidores, le pasaron la factura. Puede que ni un diputado saque.

Y nos quedan Mario Redondo del Partido Alianza Demócrata Cristiana (PADC), Oscar López del Partido Accesibilidad Sin Exclusión (PASE) y Stephanie Campos del Partido Renovación Costarricense (PRC), que prácticamente son versiones calcadas del partido de Fabricio Alvarado, grupos seudo conservadores o ultraconservadores que se escudan en su fe religiosa o defensa de la familia, pero carecen de ideas.

Conclusión.

Estas elecciones vuelven a romper paradigmas y los viejos junto a los nuevos actores se enfrentan a una realidad que se viene arrastrando desde gobiernos anteriores y que los opositores junto algunos medios de comunicación han querido achacarle solo al gobierno de Luis Guillermo Solís, el tema del déficit fiscal, algo real y un problema que es urgente de tratar. Y sin plata nada de lo que están prometiendo o se desea continuar, se va a poder lograr.

Por ello ese animal político que llevamos dentro nos divide en distintas faunas ideológicas, algunos firmes que se mantienen en su tradicionalismo político (o sea los seguidores del PLN o el PUSC), los que no desean más al bipartidismo y miran que el avance del país y la defensa de los derechos civiles solo lo abandera el PAC. Los dóciles que se dejan llevar por discursos populistas o religiosos y finalmente los ya hartos, que con su abstencionismo desean dejar claro que no les gusta todo lo que sucede en país.

Estas elecciones, serán elecciones donde la mayoría que va a votar se están dejando llevar por emociones y poco muy poco por análisis. Toda una jauría dividida en manadas dispersas.

Una opinión de Adrián Montenegro.

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